jueves, 16 de abril de 2015

LA CUARTA PARTE DEL MUNDO

Hoy fui al cine. Escogí una película mexicana. Vivo en una zona donde hay 45 salas de cine. En ellas tan solo se pueden ver películas estadounidenses. Las películas nacionales duran en cartelera a lo sumo una semana. Las salas que las proyectan están casi vacías. 
Me gusta escuchar música en el radio. Encontrar buena música mexicana es difícil. La mayor parte de las radiodifusoras emiten música proveniente del norte del Río Bravo... No digo que no me guste. Pero casi toda es igual.

Vivo al sur de la ciudad de México. Diego, mi hijo, dice que son "los suburbios". La zona está llena de franquicias: McDonald's, Kentuky Fried Chiken, Pizzas Dominos, Fridays, Shakeys Pizza, son una pequeña muestra de lo modificado que tenemos el gusto para comer fuera de casa cuando nuestra economía nos lo permite. Al decir esto recuerdo un texto de Stella Callonique leí en los días recientes, a propósito de la muerte de Eduardo Galeano: "En una de las varias entrevistas que pude hacerle en el periodo del aparenteesplendor neoliberal y de la globalización en nuestro continente, advertía que nunca el mundo había sido tan desigual. “Es una paradoja terrible que retrata el fin del siglo (XX) de no muy amable manera, donde se nos obliga a pensar todos iguales, a vestir todos iguales, a comer las mismas cosas. Incluso se ha ocupado el lugar de las comidas locales. Yo creo que hay que estar a favor de la autodeterminación en las comidas, como en todo, porque las comidas locales son una de las energías culturales más poderosas que los países contienen (…) nunca los pobres fueron tan pobres y nunca los naúfragos quedaron tan abandonados. Nunca habíamos visto esta homogeneización atroz que tiene por protagonista principal a la televisión. La gran uniformadora de costumbres es la televisión que nos lleva a no pensar con nuestra propia cabeza, a no sentir y nos hace incapaces de caminar con nuestras propias piernas. No estoy confundiendo el cuchillo con el asesino, la televisión es un instrumento, pero, tal como funciona y al servicio de quien funciona, cumple ese papel”.

Por eso, y habiendo tenido el privilegio de caminar por Argentina, atisbar desde las cataratas de Igazú a Brazil y Paraguay, después visitar Uruguay, Chile y Perú en la compañía de Eric y Luzma, habiendo escuchado de viva voz a Silvio Rodríguez, a Jorge Drexler, habiendo leído a Borges, Bioy Cazares, Vargas Llosa, Cortazar, Isabel Allende, Neruda, García Márquez, Fuentes, Paz, saboreado la maravillosa comida del chef Acurio, disfrutado la programación que dio origen al canal El Gourmet, donde conocí los diferentes nombres que reciben algunas frutas y verduras en los diversos países que conforman la América Latina y que todos nos deleitamos igual con el maíz o con el choclo, los frijoles o los porotos, encuentro que hay muy pocas cosas que nos permiten identificarnos y reconocernos. Estamos muy cerca y a la vez, muy lejos. 

Por eso, continuo con Galeano: No le pido que describa la lluvia aquella noche de la visitación del arcángel: le exijo que se moje. Decídase señor escritor, y por una vez al menos sea usted la flor que huele en vez de ser el cronista que aroma. Poca gracia tiene escribir lo que se vive. El desafío está en vivir lo que se escribe.

En este blog me propongo recorrer lo que Américo Vespucio denominó como LA CUARTA PARTE DEL MUNDO.
Mapa de Waldseemüller: “ab Americo Inventore ...quasi Americi terram sive Americam

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